Déjenme decirles, a riesgo de parecer ridículo, que el revolucionario verdadero está guiado por grandes sentimientos de amor. Es imposible pensar en un revolucionario auténtico sin esta cualidad. (...) Hay que tener una gran dosis de humanidad, una gran dosis de sentido de la justicia y de la verdad, para no caer en extremos dogmáticos, en escolasticismos fríos, en aislamiento de las masas. Todos los días hay que luchar por que ese amor a la humanidad viviente se transforme en hechos concretos, en actos que sirvan de ejemplo, de movilización.
El sábado pasado frente a mis ojos se descubrió el monumento al Che Guevara, hecho con llaves de muchas personas, representando la unión, y orientado al norte, cruzando miradas con su equivalente en Cuba. Fue una fiesta popular. Vencimos el frío con aplausos, con recuerdos, con cariño. El amor de su hija Aleida nos llenó el alma y la música cubana nos despertó las enturmecidas articulaciones. Subió Biglieti al escenario, Jorge Falcone gritó "una que sepamos todos!" y comenzó a sonar "Hasta siempre comandante". Cantamos, aullamos, vitoreamos y nos emocionamos hasta las lágrimas. Y pensar que hay gente que insiste con que el che está muerto... Los hombres no son solo carne y hueso. Son ideas, sentimientos, acciones, historias, y muchas cosas más. Por eso decimos que el Che cumplió 80 años de vida, pues sus ideales permanecen hoy vigentes, y dan fuerzas a miles de jóvenes que siguen sus pasos.
El Che fue y es, sin lugar a dudas, el hombre nuevo.