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miércoles, junio 03, 2009

El túnel

Al verla caminar por la vereda de enfrente, todas las variantes se amontonaron y revolvieron en mi cabeza. Confusamente, sentí que surgían en mi conciencia frases íntegras elaboradas y aprendidas en aquella larga gimnasia preparatoria: "¿Tiene mucho interés en el arte?", "¿Por qué miró sólo la ventanita?", etcétera. Con más insistencia que ninguna otra, surgía una frase que yo había desechado por grosera y que en ese momento me llenaba de vergüenza y me hacía sentir aún más ridículo: "¿Le gusta Castel?"
Mientras tanto, me sentía nervioso y emocionado.



Está ahí. Taquicardia es lo primero que siento. No sé por dónde agarrar la lapicera con la que venía escribiendo, me tiemblan las manos y se me pone la piel de gallina.
Por qué habría de ser tan difícil? Acasó no miré a mil mujeres a los ojos? Incluso besé a otras tantas! Qué tiene ella de diferente, si ni siquiera tengo chances de estar a su lado?
Eso me tranquiliza, se calma mi corazón.
No volvió a aparecer detrás de la esquina, pero estoy seguro de que era ella, vestida de blanco. Tampoco está doblando, habrá ido para el centro.
No importa: lo que tenga que ser, que sea, y lo que no, por algo será.

jueves, junio 19, 2008

Rosario siempre estuvo cerca

Déjenme decirles, a riesgo de parecer ridículo, que el revolucionario verdadero está guiado por grandes sentimientos de amor. Es imposible pensar en un revolucionario auténtico sin esta cualidad. (...) Hay que tener una gran dosis de humanidad, una gran dosis de sentido de la justicia y de la verdad, para no caer en extremos dogmáticos, en escolasticismos fríos, en aislamiento de las masas. Todos los días hay que luchar por que ese amor a la humanidad viviente se transforme en hechos concretos, en actos que sirvan de ejemplo, de movilización.

El sábado pasado frente a mis ojos se descubrió el monumento al Che Guevara, hecho con llaves de muchas personas, representando la unión, y orientado al norte, cruzando miradas con su equivalente en Cuba. Fue una fiesta popular. Vencimos el frío con aplausos, con recuerdos, con cariño. El amor de su hija Aleida nos llenó el alma y la música cubana nos despertó las enturmecidas articulaciones. Subió Biglieti al escenario, Jorge Falcone gritó "una que sepamos todos!" y comenzó a sonar "Hasta siempre comandante". Cantamos, aullamos, vitoreamos y nos emocionamos hasta las lágrimas. Y pensar que hay gente que insiste con que el che está muerto... Los hombres no son solo carne y hueso. Son ideas, sentimientos, acciones, historias, y muchas cosas más. Por eso decimos que el Che cumplió 80 años de vida, pues sus ideales permanecen hoy vigentes, y dan fuerzas a miles de jóvenes que siguen sus pasos.
El Che fue y es, sin lugar a dudas, el hombre nuevo.