A Guille le gusta sacar la cabeza por la ventanilla y sentir el viento en la cara, apoyar un solo dedo sobre las paredes rugosas mientras avanza por la calle a paso firme y hacer encastrar perfectamente distintos elementos, con más ganas si éstos generan un sonido que indique su encastre perfecto, como un click. Por el contrario, no le gusta cantar el feliz cumpleaños, mucho menos más de una vez, porque le da vergüenza ajena; y si se lo cantan a él prefiere tener un bebé o niño para que lo ayude a soplar y así soportar mejor el peso de las miradas. Tampoco le gusta que las cosas sobre una mesa estén en sentido oblicuo, y lo pone muy nervioso ver los cajones a medio abrir o medio cerrar.
Guille disfruta observando la vida de los animales con pasmosa paciencia, yendo al cine solo y tirándose en el piso a mirar el cielo o el techo. Le gusta también caminar, aunque se pone de mal humor si pisa una baldosa floja, como cualquiera.
A Guille le encanta ayudar a los demás aunque sean desconocidos, pero le cuesta mucho encontrar la manera correcta de ayudar a los que más quiere. Constantemente lucha por hacer sentir bien a los otros y hacerse sentir bien a sí mismo. Cuando estas dos situaciones son incompatibles, siempre decanta para un lado distinto, y frecuentemente resulta ser el más problemático. Pero aún así, sigue intentando que todos queden contentos, cosechando frustraciones y alegrías, porque está convencido de que lo mejor que se puede hacer con esta vida, es vivirla.
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viernes, septiembre 05, 2008
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