Soñé que dormía en la calle. No en cualquier lado: dormía en una cama, con sábanas, frazadas y cubrecamas, puesta justo en frente del almacén donde compramos los víveres para la familia, casi sobre la vereda.
Me depierto en esa cama y lo primero que veo es a Amélie de cuclillas al lado mío, mirándome. Como es lógico (aunque casi nada lo es en los sueños, pero esto en particular lo fue), me sorprendo muchísimo: ¿qué haría ella en mi barrio?
Vestía un pantalón militar camuflado azul y negro apretado en el tobillo, botitas converse, una remera blanca y un saco-sobretodo negro, que se abría para afuera en la cintura y se mantenía cerrado por un solo botón. Independientemente del tono oscuro de su ropa, brillaba. Su pelo y sus ojos son naturalmente luminosos, pero en esta ocasión resplandecía como si sobre ella, y únicamente sobre ella, cayera una luz divina.
Cuando me vio despierto, me saludó con una suave voz y empezó a preguntarme por pintores: si Gaugin era impresionista, en qué siglo había nacido Van Gogh, a qué hora le gustaba pintar a Dalí... Yo sabía solamente un par de cosas sobre Salvador, asique le contesté gustoso las preguntas sobre él, y le dije que si quería saber más tendría que preguntarle a José.
Milagrosamente, José se materializó en la esquina y Amélie corrió a su encuentro.
Viendo que nadie me observaba, salté de la cama para vestirme, entonces me di cuenta de que ya estaba vestido. Llevaba un short, una camiseta de fútbol y un par de alpargatas. Me puse un buzo y la cama desapareció.
Sonó el celular, Santiago quería mi carnet para entrar a la cancha. Una lástima, me habría gustado seguir soñando, para ver qué pasaba.
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sábado, mayo 16, 2009
Sueño de una noche de invierno
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lunes, noviembre 24, 2008
Cerrar los ojos es perder
No se puede vivir con los ojos cerrados, no. En eso estamos todos de acuerdo.
Lo que podríamos debatir, pensar, reflexionar y especificar hasta el hartazo es el concepto de tener los ojos cerrados. Por más que algún escéptico vilipendioso diga "obviamente es tener los párpados bajos", me parece que el sentido metafórico de esta frase merece un análisis más exhaustivo.
No siempre tener los ojos abiertos es estar mirando. Más de uno y más de dos han perdido su vista, sin darle mayor importancia a lo que la retina les relfeja, profundamente inmersos en banalidades, dislates o rebuscados razonamientos.
Ese es el ejemplo más perezoso, claro. Podemos ocuparnos también de la gente que, como dice alguna canción, mira y no ve. Es impepinable el hecho de que muchas personas pasan de la mayoría de los hechos con cierto desinterés, conservando para sí lo más superficial del mundo que las rodea. Así, tal vez sin querer, tal vez por mero supino, el individuo deja pasar la oportunidad única de encontrarse con una imágen inigualable. O quizás sea afortunada, y años después vea esa imágen que se perdió retratada por un fotógrafo y se maraville. Cualquiera sea el caso, es mejor no darle a la belleza del mundo la oportunidad de escaparse vilmente, sin pasar siquiera por el ojal de nuestra mirada.
Caso aparte son los que deciden, voluntariamente, mirar para otro lado. No hay peor ciego que el que no quiere ver. Es lo más horrible que puede hacer una persona, pues por miedo a ver algo que le disguste, se desencuentra con la realidad. La realidad inamovible, perenne y vitalicia. Siempre estará a la espera, vigilando cuidadosamente hasta el momento en que miremos en su dirección. Entonces será inevitable, el cambio viajará a través de nuestras pupilas y anclará en nuestro pecho. Más allá de todo filtro, más allá de todo cuento, de todo embuste, de toda andrómina. La vida misma ante tus ojos y el más poderoso imperativo, surgiendo desde lo más recóndito de tu sistema nervioso: la necesidad de actuar.
Notas marginales
-Puse algunas palabras "raras" en el texto por pura diversión. Cualquier cosa pregunten.
-Mi bisabuela cumplió 98 años. Le regalaron un lemoncello. Se quejó porque compramos helado y no le compramos sambayón. Si, ese que tiene vino. Una ídola.
-Me encanta empezar a escribir y perderme entre las palabras. Es hermoso escribir sin esquemas, sin ninguna meta en particular. Escribir por escribir.
Lo que podríamos debatir, pensar, reflexionar y especificar hasta el hartazo es el concepto de tener los ojos cerrados. Por más que algún escéptico vilipendioso diga "obviamente es tener los párpados bajos", me parece que el sentido metafórico de esta frase merece un análisis más exhaustivo.
No siempre tener los ojos abiertos es estar mirando. Más de uno y más de dos han perdido su vista, sin darle mayor importancia a lo que la retina les relfeja, profundamente inmersos en banalidades, dislates o rebuscados razonamientos.
Ese es el ejemplo más perezoso, claro. Podemos ocuparnos también de la gente que, como dice alguna canción, mira y no ve. Es impepinable el hecho de que muchas personas pasan de la mayoría de los hechos con cierto desinterés, conservando para sí lo más superficial del mundo que las rodea. Así, tal vez sin querer, tal vez por mero supino, el individuo deja pasar la oportunidad única de encontrarse con una imágen inigualable. O quizás sea afortunada, y años después vea esa imágen que se perdió retratada por un fotógrafo y se maraville. Cualquiera sea el caso, es mejor no darle a la belleza del mundo la oportunidad de escaparse vilmente, sin pasar siquiera por el ojal de nuestra mirada.
Caso aparte son los que deciden, voluntariamente, mirar para otro lado. No hay peor ciego que el que no quiere ver. Es lo más horrible que puede hacer una persona, pues por miedo a ver algo que le disguste, se desencuentra con la realidad. La realidad inamovible, perenne y vitalicia. Siempre estará a la espera, vigilando cuidadosamente hasta el momento en que miremos en su dirección. Entonces será inevitable, el cambio viajará a través de nuestras pupilas y anclará en nuestro pecho. Más allá de todo filtro, más allá de todo cuento, de todo embuste, de toda andrómina. La vida misma ante tus ojos y el más poderoso imperativo, surgiendo desde lo más recóndito de tu sistema nervioso: la necesidad de actuar.
Notas marginales
-Puse algunas palabras "raras" en el texto por pura diversión. Cualquier cosa pregunten.
-Mi bisabuela cumplió 98 años. Le regalaron un lemoncello. Se quejó porque compramos helado y no le compramos sambayón. Si, ese que tiene vino. Una ídola.
-Me encanta empezar a escribir y perderme entre las palabras. Es hermoso escribir sin esquemas, sin ninguna meta en particular. Escribir por escribir.
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