Primero que nada, mil gracias a los que me saludaron por mi cumpleaños.
Después: estoy bajo el leve efecto de un cuba libre, mi trago favorito, el primero perfectamente legal de toda mi vida, además tengo el sopor digno de quien tuvo un día agitado, asique perdonen imperfecciones de este texto. Todavía hay algunas serpentinas, muchos "muertos" y bastante quilombo abajo, ¿Pero a quién le importa?
Hoy me desperté cinco veces, negándome rotundamente al estudio y leyendo mensajes varios de feliz cumple. Finalmente, fui a la facultad y rendí humanística A, nada grave, creo que apruebo.
Una mañana tranquila, terminamos de rendir a las 12 y media, y estuvimos haciendo tiempo (ping pong y metegol) hasta las 4 de la tarde, horario en que se hizo la revisión del examen de química A. ¿Y saben qué? ¡Me saqué 87! Eso significa que con la mínima nota de 40 en el segundo parcial, promocioné la materia. Rebosante de gloria académica, fui a lo de mi cuñada para encontrarme con ella y mi hermano. Un día normal, hasta ahí, tal como había sido planeado. Excepto por eso de recibir muchísimos mensajes de feliz cumple, correctamente agradecidos todos. De todos excepto de mi mejor amiga. Nos fuimos los tres al ciber a jugar al Battlefield, diversión común entre Nahue y yo cuando estamos al pedo. Tres horas jugamos, porque mi hermano tenía muchas ganas de jugar. A eso de las 9 de la noche decidimos irnos los tres a casa para ver una peli tranquilos y dormir mucho. Una hora más perdimos buscando las llaves que Nahue perdió y viajando en micro, yo todavía con la mochila de la facultad, desde la mañana que no volvía a casa.
Qué va que cuando llegamos mi cuñada, mi hermano y yo a mi casa escucho corridas en la planta alta, que al ser de madera se escuchan desde la vereda. Imagino que están los amigos de mis hermanos menores, nada raro. Entro a casa después de lidiar con la llave que mi vieja dejó mal puesta del lado de adentro, y veo todo apagado. Mi hermano y mi cuñada se besan. Mientras les digo "dejen de apretar pelotudos" pienso en años anteriores, en los que mi vieja apaga la luz y cuando la prende están los 4 integrantes de mi familia cantando alegremente "feliz cumpleaños" con una torta de crema y frutilla, mi favorita, entonces me adelanto para recibir el agasajo.
Sin embargo, cuando me acerco a la puerta veo a mi segundo padre, Jo, levantando un nenito y escondiéndose. Abro la puerta y caen sobre mí las serpentinas, se escucha un atronador "feliz cumpleaños" de muchas voces, y a partir de ahí todo es euforia. Recuerdo que vi venir a Mari, mi mejor amiga, corriendo como un rayo a abrazarme, como si hubiera estado esperando ese momento todo el día. Y también al Pocho, asomándose desde atrás del sillón, con un vaso de cerveza en la mano y la firme intención de hacerme sentir querido. La cara de More, que estaba como fuera de contexto, un compañero de la facultad que nada tiene que ver con el rústico estilo de mi casa, pero estaba ahí, lo creyera o no, porque es copado. Los chicos del colegio, juntos comiendo pizza, esperándome tranquilamente. Euge, ahí sentada obligada por sus sentimientos, y no por otra cosa. Todos, todos estaban ahí con el único objetivo de hacerme feliz a mí. Repartí como 30 abrazos, tantos como personas había, y el más lindo fue con mi hermano, que nos peleamos hace una semana, y hoy me hizo esto, para demostrarme que a pesar de todo es mi hermano, y es un gran tipo.
Disfruté de una noche maravillosa, entre tragos, amigos, charlas, llamadas y mensajes. Feliz, simplemente. Nunca creí que le importara a tanta gente lo suficiente como para tomarse tantas molestias por mí, realmente me sorprendieron.
Ahora ya no queda nadie, pero tuvimos tiempo de organizar una salida para mañana con mis amigos, y hace rato que está organizada la del sábado con la parte paterna de la familia, y también la del domingo con la parte materna.
En fin, estoy emocionadísimo, llorando de felicidad, no es para menos.
Igual, 18 años no se cumplen todos los días. Mi cumpleaños no terminó hoy, mi cumpleaños termina el domingo, es un cumple de varios días, como los de los gitanos.
Porque esto señores, esto recién empieza.
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viernes, abril 18, 2008
miércoles, febrero 06, 2008
Gente que va y viene
Es raro. Sí, es raro.
Estoy acostado en mi cama, en la que tantas veces estuve acostado, una situación que yo llamaría normal, así sin más. Por los rincones de mi cabeza suena como si viniera del más allá el ronroneo de Sabina en un tema melancólico. Ya no sé cuál es el tema, ya no me acuerdo de qué estaba por hacer, ya no veo si el ventilador está prendido o apagado, ni me importa, por más que el calor agobie.
De repente el adormecedor sonido se va, vuelvo a pensar en lo que me rodea, a razonarlo hasta verlo completamente claro. Cierto! Eso tenía que hacer! Ya es tarde? No, todavía no, pero me tengo que apurar. Dejo mis cosas en orden para no perder la costumbre, lo hago desde que entendí lo cómodo que es hacer lo que hay que hacer, para no tener que hacerlo luego. Agarro lo que necesito y me voy. En mi mente, ya totalmente despierta, solo pasan caras, pelotas y agua. No hay otra cosa en la que pensar. Le dedico toda mi energía a lo que decido hacer cuando decido hacerlo, de otra manera sentiría que ando con mediastintas, y eso no me gusta. Por lo tanto, adiós al estudio y las demás obligaciones, cuando haya satisfecho mi sed de actividad volveré a por ustedes.
Llego a mi destino, con el recuerdo de mis anteriores visitas latente, como suele pasar. Sin embargo, el panorama es muy diferente. Cada paso que había planificado la zona meticulosamente planificadora de mi cerebro se desvanece. Es raro, sí, pero es maravilloso también. Chau prototipo de día miércoles, chau semi-rutina, chau normalidad. Admito que en un primer momento me sentí impactado e inseguro, pero por suerte esa parte de mí que no conocía hasta hace unos días se pone en acción. Menos mal que la conocí, me está siendo de gran ayuda. Cuando el agua estaba por taparme, mi extroversión tira un mensaje fuera del tanque y alguien desde afuera abre la canilla de desagote. No me lo esperaba. Del mismo modo que no esperaba verme en mi insegura situación anterior, tampoco contaba con esta repentina sensación de comodidad, acompañada por una autosatisfacción inevitable al ver lo que soy capaz de hacer. Otro poco de aire para mi ego, que parece inflarse como siempre, intocable para cualquier alfiler. A veces es bueno, a veces es malo, pero es así, toda moneda tiene dos caras.
Mi entorno vuelve a la normalidad, todo se reestablece, pero ahora hay en mi día un elemento que por lo general no estaba, una persona por conocer. Me inclino por mi nuevo estado, ya habrá más tiempo para la rutina, hoy quiero disfrutar de esto que está pasando, que fluye espontáneamente, casi siempre a mi favor. Me pierdo en un torbellino de agua, cartas y rulos que dura toda la tarde, no veo pasar las horas. Tan solo me alejo de ella durante unos pocos minutos, en fugaces visitas a lo que me es habitual, pero vuelvo rápido, por temor a que se me escape una posibilidad rara vez vista. Oportunista, me dirán algunos, con bronca. En mi opinión, no es algo malo, todo lo contrario, hay mucho poder en aprovechar las oportunidades que nos da la vida.
Finalmente llega el fin. Mi compañera de este extraño miércoles pide que se repita, aunque sea un jueves. Qué más quisiera yo... Haré lo posible. Beso en la mejilla, sonrisa al pasar, amistad. La extraña sensación de que me estoy llevando algo que antes de venir no tenía y que en ningún momento hasta que vi su sonrisa afirmativa al son de "dale, jueguemos" planeé tener. Tuve que dejar de lado algunas cosas, lógico, toda decisión conlleva algún sacrificio, pero creo que salí ganando. O por lo menos eso me indica ese papelito con tres datos que se resumen en una palabra: confianza. La confianza de una persona que definitivamente me agrada, y estoy feliz de haber conocido.
Estoy acostado en mi cama, en la que tantas veces estuve acostado, una situación que yo llamaría normal, así sin más. Por los rincones de mi cabeza suena como si viniera del más allá el ronroneo de Sabina en un tema melancólico. Ya no sé cuál es el tema, ya no me acuerdo de qué estaba por hacer, ya no veo si el ventilador está prendido o apagado, ni me importa, por más que el calor agobie.
De repente el adormecedor sonido se va, vuelvo a pensar en lo que me rodea, a razonarlo hasta verlo completamente claro. Cierto! Eso tenía que hacer! Ya es tarde? No, todavía no, pero me tengo que apurar. Dejo mis cosas en orden para no perder la costumbre, lo hago desde que entendí lo cómodo que es hacer lo que hay que hacer, para no tener que hacerlo luego. Agarro lo que necesito y me voy. En mi mente, ya totalmente despierta, solo pasan caras, pelotas y agua. No hay otra cosa en la que pensar. Le dedico toda mi energía a lo que decido hacer cuando decido hacerlo, de otra manera sentiría que ando con mediastintas, y eso no me gusta. Por lo tanto, adiós al estudio y las demás obligaciones, cuando haya satisfecho mi sed de actividad volveré a por ustedes.
Llego a mi destino, con el recuerdo de mis anteriores visitas latente, como suele pasar. Sin embargo, el panorama es muy diferente. Cada paso que había planificado la zona meticulosamente planificadora de mi cerebro se desvanece. Es raro, sí, pero es maravilloso también. Chau prototipo de día miércoles, chau semi-rutina, chau normalidad. Admito que en un primer momento me sentí impactado e inseguro, pero por suerte esa parte de mí que no conocía hasta hace unos días se pone en acción. Menos mal que la conocí, me está siendo de gran ayuda. Cuando el agua estaba por taparme, mi extroversión tira un mensaje fuera del tanque y alguien desde afuera abre la canilla de desagote. No me lo esperaba. Del mismo modo que no esperaba verme en mi insegura situación anterior, tampoco contaba con esta repentina sensación de comodidad, acompañada por una autosatisfacción inevitable al ver lo que soy capaz de hacer. Otro poco de aire para mi ego, que parece inflarse como siempre, intocable para cualquier alfiler. A veces es bueno, a veces es malo, pero es así, toda moneda tiene dos caras.
Mi entorno vuelve a la normalidad, todo se reestablece, pero ahora hay en mi día un elemento que por lo general no estaba, una persona por conocer. Me inclino por mi nuevo estado, ya habrá más tiempo para la rutina, hoy quiero disfrutar de esto que está pasando, que fluye espontáneamente, casi siempre a mi favor. Me pierdo en un torbellino de agua, cartas y rulos que dura toda la tarde, no veo pasar las horas. Tan solo me alejo de ella durante unos pocos minutos, en fugaces visitas a lo que me es habitual, pero vuelvo rápido, por temor a que se me escape una posibilidad rara vez vista. Oportunista, me dirán algunos, con bronca. En mi opinión, no es algo malo, todo lo contrario, hay mucho poder en aprovechar las oportunidades que nos da la vida.
Finalmente llega el fin. Mi compañera de este extraño miércoles pide que se repita, aunque sea un jueves. Qué más quisiera yo... Haré lo posible. Beso en la mejilla, sonrisa al pasar, amistad. La extraña sensación de que me estoy llevando algo que antes de venir no tenía y que en ningún momento hasta que vi su sonrisa afirmativa al son de "dale, jueguemos" planeé tener. Tuve que dejar de lado algunas cosas, lógico, toda decisión conlleva algún sacrificio, pero creo que salí ganando. O por lo menos eso me indica ese papelito con tres datos que se resumen en una palabra: confianza. La confianza de una persona que definitivamente me agrada, y estoy feliz de haber conocido.
jueves, agosto 16, 2007
Arbolitos
Existen personas en nuestras vidas que nos hacen felices por la simple casualidad de haberse cruzado en nuestro camino. Algunas recorren el trayecto a nuestro lado, viendo pasar muchas lunas; pero a otras apenas las vemos entre un paso y otro. A todas las llamamos amigos y hay muchas clases de ellos. Tal vez cada hoja de un árbol caracteriza a uno de nuestros amigos. El tiempo pasa, el verano se va, el otoño se aproxima y perdemos algunas de nuestras hojas; varias nacerán en otro verano y otras permanecerán por muchas estaciones. Pero lo que nos deja mas felices es que aquellas que cayeron, continúan cerca alimentando nuestra raíz con alegría. Son recuerdos de esos momentos maravillosos, cuando se cruzaron en nuestro camino. Simplemente, porque cada persona que pasa por nuestra vida es única. Y siempre deja un poco de si y se lleva un poco de nosotros. Tal vez haya quienes se llevaran mucho pero no habrá ni una sola persona que no nos deje algo. Esta es la mayor responsabilidad de nuestra vida y la prueba evidente de que dos almas nunca se encuentran por casualidad.
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